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La historia de Irene, la yegua rescatada de la tracción a sangre que guardaba un secreto

Ocurrió en enero del año pasado. Un mensaje de la organización salteña APAN alertó sobre la situación de un grupo de caballos que permanecía en la caballería de la Policía de Salta. Los animales habían desatado el debate. Secuestrados por contravenciones, por malos tratos y abandonados tras la aplicación de la ordenanza que prohibió la tracción a sangre en la ciudad pero que no se preocupó del destino final de los animales, el mal estado en el que los albergaban no podía pasar desapercibido. Flacos y desnutridos, heridos, machos sin castrar en el mismo corral junto a todos los demás, entre ellos estaba Irene, una yegua preñada cuya delgadez era alarmante. "No podíamos mirar para otro lado y pusimos manos a la obra para intervenir en el caso. Diseñamos un plan de trabajo que fue aprobado por la Corte de Justicia y viajamos a Salta a comprobar in situ la situación", explica Alejandra García, responsable de la Fundación Franz Weber (FFW) en Argentina, la organización que tomó las riendas del asunto.

Como primera medida, desde la fundación se firmó un convenio con la Universidad Católica de Salta, allí derivaron a los animales que estaban más graves. Luego se conformó un grupo de voluntarios para que fuera cada día a alimentar a esos caballos. "La policía nos iba pasando los números de expedientes de cada caballo y, junto a las abogadas que se ocuparon del caso, comenzamos a visitar los ocho juzgados de garantías donde estaba cada una de las causas. Y así comenzamos a solicitar la tenencia definitiva de cada uno de ellos", recuerda García.

Una vez que la tenencia era otorgada, el Dr. Fernando Ribotta diseñaba y aplicaba un plan sanitario individual. Además, a cada animal se le hizo el test de Anemia Infecciosa Equina, se le puso las vacunas y en una segunda etapa se dio inicio a la estrategia de evacuación de los animales para trasladarlos al Santuario Equidad que la fundación tiene en la provincia de Córdoba. "En uno de esos viajes, trajimos a varias yeguas preñadas, e Irene era una de nuestras prioridades dada su delgadez. Es que al estar preñada, no quería acercarse al resto de los caballos que estaban en el corral de Salta por miedo a que la patearan y eso había hecho que bajara mucho de peso. Tal era su miedo que no se acercaba ni para comer. Por eso, durante los 15 días previos a su viaje la separamos del resto para que recuperara fuerzas y pudiera afrontar el traslado. Finalmente en octubre ya estuvo lista para viajar los 800 km que nos separan de Salta".

Irene llegó al santuario aún baja de peso pero, por sobre todo, muy desconfiada y temerosa. Entonces se decidió que lo mejor era destinar un corral grande para ella sola, para que recuperara algo de paz y pudiera afrontar su parto tranquila. Poco a poco empezó a cambiar su pelaje por uno nuevo (es frecuente que los caballos con mala nutrición muestren un pelaje opaco y áspero al tacto), hasta que finalmente la madrugada del 10 de noviembre dio a luz una mulita, a la que llamaron Tirsa.

"Esto significa que el padre de Tirsa es un burro, seguramente Quique, el único que estaba sin castrar en el corral de caballería, y que hoy vive en el santuario también, ya castrado. Por eso la historia de Irene y Tirsa es tan especial. De las seis yeguas preñadas que llegaron desde Salta al santuario, Irene no sólo es la que estaba en peor condición corporal sino que, además, su descendencia era de la única de la que pudimos saber su progenitor".

Irene y Tirsa se convirtieron en animales sanos y fuertes. "Tirsa es extremadamente inteligente, vital y ¡muy traviesa! Pero queríamos para ella un lugar donde su mamá pudiera disfrutar de más espacio y de la compañía de un grupo pequeño de caballos. Nos dimos cuenta que, por su carácter, huye de las aglomeraciones. La veíamos disfrutar de pasar un tiempo en soledad. Además, Tirsa siempre se alejaba de ella para socializar con los demás caballos, algo que a Irene la ponía muy nerviosa. Irene pasaba demasiado tiempo en alerta y nosotros le habíamos prometido que su futuro sería de paz y libertad".

Aunque desde la fundación no dan caballos en adopción, con Irene hicieron una excepción. Y buscaron para la yegua y la mulita un adoptante muy especial que pudiera brindarles lo que necesitaban. Encontraron a la candidata ideal en Claudia, una mujer de Suiza que vive con su familia en La Cumbre, una localidad de las sierras de Córdoba cercana al santuario, experta en tratamientos podológicos de caballos y que además colabora con la Fundación Franz Weber ayudando a mantener la salud de las patas de los caballos del santuario. Su maravilloso campo de 47 hectáreas y 14 caballos más, era el escenario ideal para convertirse en el hogar de la delicada Irene y la inquieta Tirsa.

"Nosotros no solemos dar caballos en adopción, y sólo reservamos esa posibilidad para casos muy especiales, cuando sabemos que esto ayudará a mejorar aún más las vidas de esos animales que hemos rescatado, y con el compromiso de que no se los montará, domará, ni se los usará con ningún fin. Irene y Tirsa eran uno de estos casos especiales y morimos de amor cuando las visitamos y vemos que se ha completado el círculo para ellas, a las que hemos ayudado a cambiar su destino a conseguir el lugar que Irene, con su comportamiento, nos estaba pidiendo", concluye Alejandra.

El trabajo continúa. Irene y Tirsa fueron parte de un total de 77 caballos, 8 vacas, 4 burros y 3 mulas que se rescataron de la caballería de la policía de Salta y que ponen sobre la mesa la problemática de la tracción a sangre, que todavía se cobra muchas vidas. "Prohibir no es una solución, porque no se tiene en cuenta el destino final de los caballos, y tampoco se llevaron a cabo políticas de contención social y laboral para las familias que los usaban para trabajar. Por eso, nuestra propuesta en la campaña Basta de TaS, aboga por un minucioso trabajo previo con los trabajadores hasta llegar a la sustitución del caballo por un motocarro", aclara García.

Así lo están haciendo en la Municipalidad de Godoy Cruz, en Mendoza, donde el programa se está desarrollando desde hace casi 4 años. Durante ese tiempo se han censado a los carreros y a los caballos, y se les ha dado varios cursos de capacitación en reciclado y manejo de las motos. Al finalizar, los recicladores urbanos entregan sus caballos y reciben el motocarro mientras el estado sigue en contacto permanente con ellos para que estén siempre integrados como agentes del reciclado de la ciudad. Los caballos son dados en adopción a familias tras un meticuloso proceso de selección, y estos adoptantes son auditados periódicamente por proteccionistas y el mismo municipio. Finalmente, este año, tras la última sustitución, llegará la prohibición de la tracción a sangre en esta ciudad. Es el deseo de muchos que sirva como ejemplo y sea puesto en marcha en otras provincias.

Por: Jimena Barrionuevo de La Nación
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/2213247-la-historia-irene-yegua-rescatada-traccion-sangre#comentarios

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